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Una mordida que no encaja, un mentón muy retraído o proyectado, dificultad para masticar o respirar bien al dormir pueden tener un origen óseo, no solo dental. Entender qué es cirugía bimaxilar permite valorar una solución que va más allá de alinear los dientes: corrige la posición de los maxilares para recuperar función, equilibrio facial y estabilidad a largo plazo.
La cirugía bimaxilar, también denominada cirugía ortognática bimaxilar, es una intervención realizada por un cirujano maxilofacial para reposicionar el maxilar superior y la mandíbula de forma coordinada. El objetivo es corregir una discrepancia ósea entre ambos maxilares cuando la ortodoncia por sí sola no puede resolverla de manera adecuada.
Durante el procedimiento, el especialista realiza cortes óseos planificados en el maxilar y la mandíbula, moviliza ambas estructuras a la posición indicada y las fija con placas y tornillos de titanio biocompatible. Estas fijaciones permanecen habitualmente en el organismo sin causar molestias ni interferir con la vida cotidiana.
No se trata de una cirugía exclusivamente estética, aunque la mejora facial puede ser evidente. Su indicación principal es funcional: lograr una mordida estable, facilitar la masticación, favorecer la respiración y reducir la sobrecarga de la articulación temporomandibular cuando existe relación con la maloclusión. La armonía de los labios, la sonrisa, el mentón y el perfil es una consecuencia muy relevante de una planificación correcta.
La cirugía se plantea cuando el problema se encuentra en los huesos maxilares y no únicamente en la posición de los dientes. Es frecuente en adultos que han terminado su crecimiento facial y presentan una maloclusión importante, aunque cada caso exige un diagnóstico individual.
Puede estar indicada en pacientes con mordida abierta, mordida cruzada, mordida invertida o una discrepancia marcada entre maxilar y mandíbula. También se valora en casos de exceso vertical del maxilar, sonrisa gingival de origen óseo, asimetría facial, mandíbula retraída o adelantada y alteraciones que comprometen el cierre labial o la proporción del tercio inferior del rostro.
En determinados pacientes, el avance de los maxilares puede contribuir al tratamiento del síndrome de apnea obstructiva del sueño. Sin embargo, no toda apnea requiere cirugía ortognática, ni toda maloclusión debe operarse. La decisión depende de los estudios de sueño, la anatomía de la vía aérea, la gravedad del problema y la valoración conjunta de los especialistas implicados.
La edad, la salud general, la calidad ósea, el estado periodontal y las expectativas del paciente también importan. Una indicación rigurosa no consiste en operar un perfil facial, sino en analizar cómo encajan dientes, huesos, articulaciones, tejidos blandos y vía aérea.
Una cirugía bimaxilar de alto nivel comienza mucho antes del quirófano. El diagnóstico integra exploración clínica, fotografías faciales, registros de la mordida, escáner intraoral, radiografías y estudios tridimensionales. Con esta información, el equipo puede estudiar el rostro y los maxilares en tres dimensiones, no solo en una imagen plana.
La planificación virtual permite definir con precisión cuánto debe desplazarse cada maxilar, en qué dirección y con qué efecto previsto sobre la mordida, la sonrisa y el perfil. Es un avance decisivo porque ayuda a anticipar movimientos complejos, diseñar férulas quirúrgicas y reducir la improvisación durante la intervención.
En muchos casos, el tratamiento se coordina con ortodoncia. Antes de la cirugía, el ortodoncista prepara la posición de los dientes para que, después del reposicionamiento óseo, puedan encajar de manera estable. Esta fase puede parecer contraintuitiva para algunos pacientes: a veces la mordida parece empeorar temporalmente mientras se descompensan los dientes. Es un paso necesario para corregir la causa esquelética y no solo camuflarla.
Tras la intervención, suele ser necesaria una fase de ortodoncia de ajuste. La duración total depende de la complejidad de la maloclusión, del tipo de movimiento requerido y de la respuesta individual de cada paciente. La planificación honesta debe explicar desde el inicio que es un proceso médico-quirúrgico completo, no una intervención aislada de resultado inmediato.
La cirugía ortognática puede modificar de forma notable el perfil, la proyección del mentón, la posición de los labios, la exposición dental y la relación entre nariz, maxilar y mandíbula. El grado de cambio depende de los movimientos realizados y de las características de los tejidos blandos de cada persona.
Por ello, las simulaciones digitales son una herramienta de comunicación muy valiosa, pero no deben interpretarse como una promesa estética exacta. Permiten visualizar una previsión razonable y tomar decisiones mejor informadas, mientras que el resultado final estará condicionado por la cicatrización y la respuesta biológica individual.
La cirugía bimaxilar se lleva a cabo bajo anestesia general en un entorno hospitalario. Las incisiones se realizan habitualmente dentro de la boca, por lo que no suelen quedar cicatrices visibles en la piel. El cirujano reposiciona el maxilar superior, la mandíbula o ambos, siguiendo el plan quirúrgico establecido, y los fija en su nueva posición.
La duración varía según la complejidad del caso y los procedimientos asociados. Algunas cirugías requieren además una mentoplastia para optimizar la proporción del mentón o técnicas complementarias indicadas por razones funcionales o estéticas. No todas las personas necesitan los mismos movimientos ni los mismos procedimientos adicionales.
Después de la cirugía, el paciente permanece bajo control clínico. El equipo supervisa la inflamación, el dolor, la alimentación, la oclusión y la evolución inicial de la recuperación. La coordinación entre cirugía maxilofacial, ortodoncia y odontología es esencial para proteger el resultado conseguido.
La inflamación facial es esperable y suele ser más intensa durante los primeros días. Posteriormente disminuye de forma progresiva, aunque la definición final de los tejidos puede tardar varios meses. Durante la recuperación inicial se indican medicación, higiene oral cuidadosa, controles periódicos y una dieta adaptada que evoluciona desde alimentos líquidos o triturados hacia texturas más consistentes según la indicación médica.
También es habitual experimentar sensación de adormecimiento u hormigueo, especialmente en el labio inferior y el mentón cuando se interviene la mandíbula. En muchos casos esta sensibilidad mejora gradualmente, pero el tiempo de recuperación es variable. El cirujano debe explicar este aspecto antes de la operación con total claridad.
El regreso a actividades de baja exigencia puede producirse en pocas semanas, pero retomar ejercicio intenso, deportes de contacto y la dieta habitual requiere más tiempo y autorización profesional. La recuperación no debe medirse solo por la desaparición de la inflamación: la consolidación ósea, la adaptación de la mordida y los ajustes ortodóncicos forman parte del proceso.
Como cualquier cirugía mayor, la intervención presenta riesgos: sangrado, infección, alteraciones transitorias o persistentes de la sensibilidad, cambios no previstos en la articulación, recaída parcial de la mordida o necesidad de ajustes posteriores. La experiencia del equipo, una planificación minuciosa y el cumplimiento de las indicaciones reducen estos riesgos, pero no los eliminan por completo.
También hay un intercambio que debe asumirse con realismo: el tratamiento exige tiempo, disciplina y una recuperación relevante a cambio de corregir un problema estructural que puede acompañar al paciente durante años. Cuando la indicación es adecuada, los beneficios funcionales y faciales suelen justificar el proceso. Cuando el caso puede resolverse de forma conservadora, esa alternativa debe explicarse y considerarse.
En Clínica Maxilofacial Calvo de Mora, la valoración de una cirugía ortognática parte de un diagnóstico integral y una planificación digital precisa, con el objetivo de indicar únicamente el tratamiento que aporta una mejora real y estable.
Si sospecha que su problema de mordida, respiración o perfil tiene un origen maxilar, una evaluación especializada puede darle una respuesta clara. Tener un diagnóstico preciso es el primer paso para decidir con seguridad, sin conformarse con soluciones que solo disimulan el problema.